Gentonomía

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webEn los “orígenes” de Internet, la idea de los “locos” de Yahoo era indizar toda la Web, o, al menos, las páginas más interesantes, en un árbol de categorías (una taxonomía) que un humano (más o menos normal) pudiera entender (cosa difícil de principio, tanto lo de encontrar un humano “normal” como lo de hacer “fácil entender” algo como la selva de enlaces).

La idea de que alguien “organizara” el caos creciente de páginas fue bienvenida.

Fue tan bienvenida que otros muchos siguieron: Altavista (¿os acordáis?), Excite, etc, entre muchos de los cuales, por cierto, todavía existen.

Pero la indización de base humana fue superada por la potencia de navegación sistemática de Google, que con su algoritmo de determinación de relevancia PageRank (en la que los resultados de una búsqueda aparecen ordenados con la “popularidad” de una página en términos de cuántas veces otras páginas enlazan hacia ella) hizo un paso histórico en la carrera humana por encontrar información cuando se necesita. Internet es hoy Google y al revés, en el sentido de que es ya impensable la Red sin un motor que te ayude a localizar cosas.

Bien, quizás le esté surgiendo a Google un potencial competidor. Y curiosamente, esta propuesta vuelve un poco a los orígenes: a los humanos, que identifican la relevancia de las páginas para ayudar a sus congéneres a no perderse.  Pero con una diferencia sustancial: no se trata de una “redacción” (a sueldo, por ejemplo) que va haciendo su trabajo de hormiguita digital organizando páginas, si no que se trata de muchos de los humanos que navegan se conviertan en determinadores de la relevancia durante su navegación. La diferencia está en que trabajan gratuitamente, que pueden hacerlo a millones, y que tienen más criterio que una máquina a la hora de categorizar cosas difícilmente indizables por aquella, como una foto o una poesía.

La idea es, pues, la categorización colaborativa, mediante el uso de etiquetas (tags) con palabras claves definidas libremente por la persona que lo haga, sin un thesarus de términos controlados fijados previamente. Es el “social bookmarking”. Al parecer, la categorización de una pieza informacional funciona tanto mejor cuanto más gente la describe (o sea, la “sabiduría de la multitud”). Este nuevo fenómeno, que en sajón recibe el nombre de Folksonomy o Tagging, yo me permito traducirlo libremente por gentonomía.

No tengo ni idea de si esto funcionará. Tengo mis dudas. Quizás la principal es el “no acuerdo” que varias personas pueden tener sobre qué es una cosa, con lo que, por consiguiente, le dan distintos nombres a lo mismo. Otra es que en este sistema no hay enlaces sinonímicos entre las palabras entre las palabras (términos) usados. La cuestión no es trivial, porque en el fondo está el dilema de la exhaustividad (“todo lo que hay sobre”), y la relevancia (“lo más útil sobre”). El mundo “googlelizado” es un mundo de exhaustividad. Pero el mundo de los humanos , al menos mientras no consigamos reemplazar nuestro cerebro por algo mejor, es un mundo de proceso limitado de información (no podemos aumentar nuestras horas de vigilia), y para sobrevivir informacionalmente, la relevancia es crítica.

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